
Se acercó hasta cinco centímetros de mis labios, sentía su respiración, mi estomago ya no estaba revuelto, estaba retorcido por el nerviosismo de ver esos ojos verdes como esmeraldas mirándome fijamente y sin pestañear, suspiro y cerró los ojos, mi corazón estaba a punto de estallar, temblaba mientras se acercaba lentamente, estaba a dos centímetros y de pronto me eché a reír.
-¿Qué pasa?-Me miro con curiosidad.
-Esto es increíble, increíble- en realidad no sabía si me reía porque esto sí que era una locura, o porque estaba muy nerviosa.
-OK, si no quieres, no será hoy-me lo dijo aun a dos centímetros de distancia de mis labios, se alejo lentamente, mirándome a los ojos, hasta llegar a la distancia anterior.
Mi corazón palpitaba de emoción al sentir su cuerpo tan cerca, ¡¿Qué me pasaba!?, en mi vida lo he visto, jamás oí hablar de él, ni en mi escuela lo he visto, porque ahora me dan estas sensaciones, al estar frente a él, así, sintiendo su humanidad, o lo que sea de el…
-OK, creo que es muy tarde, debo dejarte en tu casa.
-Por favor-mire hacia el cielo- sabes que esto no es real, y que si yo quisiera, estaría despertando en mi habitación.
-Mmm…, que interesante- Me observaba fijamente, como si esperara un acontecimiento increíble- quiero ver eso.
-Bien, entonces contare.
Cerré mis ojos hasta volverlos una raya horizontal delgada, los apreté con fuerza y conté.
-Uno…Dos…Tre…- Ariel ya me tenía en brazos y corría desde la azotea del edificio con una velocidad impresionante, parecía lince, y lo peor es que se dirigía al vacío, al llegar al borde del edificio, salto con su pie derecho y apretándome con fuerza caíamos como dos piedras hacia un acantilado oscuro lleno de solo luces naranjas y casas, sentí tanto miedo, mareo y adrenalina que desmayé.
Estaba desorientada, al abrir los ojos lentamente, respiraba entrecortado, al ver que estaba arropada en mi cama, en mi habitación, en mi casa.
-¡¿Qué diablos me pasa?!- dije de forma que nadie pudiera oír, pero también con una sensación que no podía describir, era como si siguiera cayendo, como el sueño que tuve, con aquel muchacho.
Me levante lentamente, al ver que mi habitación seguía intacta, la ropa desordenada en el sillón, la televisión en el mismo lugar, el mismo cajón abierto, mis zapatos debajo de la cama, mi uniforme, todo intacto.
Es oficial, estoy loca.


No hay comentarios:
Publicar un comentario